El País
- sandyena benyoussef
- 19 ago
- 2 Min. de lectura
Ay, queridos, cuando empezamos a soñar con nuestra boda, Túnez parecía la elección natural. Es mi hogar, mis raíces, mi familia, el lugar donde florecieron en silencio mis primeras esperanzas de amor.
Una cosa es segura: las bodas tunecinas son legendarias. No son solo un día; son un festival. Días rebosantes de música, tradición y alegría. El ritmo constante de los tambores (darbuka), la dulzura del té verde con piñones, la fragante espiral del bkhour (incienso) en el aire... y el baile, el baile. ¡Ah, el baile interminable e imparable es mi parte favorita!
Los preparativos comienzan mucho antes del día de la boda: las familias se reúnen, los ancianos llegan temprano para ofrecer sus bendiciones, y el zagharit, esos ululatos de alegría que surgen de los corazones de familiares y amigos cariñosos, llevando su afecto y bendiciones al aire. El camino al hammam, el tradicional sefsari de seda envolviendo con gracia a la novia de pies a cabeza, ocultando y revelando lo justo, la música que inunda las calles, las risas que se prolongan hasta bien entrada la noche. Echo de menos todo esto y mucho más.
Soy tunecina y me enorgullece profundamente nuestra forma de celebrar el amor. No hay nada comparable. Pero la verdad es que planificar una boda tunecina completa desde lejos, desde Alemania, sería más estresante que feliz.
Queremos disfrutar de este viaje, reírnos durante la planificación, ser parte de cada decisión, construir recuerdos juntos, no quedarnos sepultados bajo la logística ni dejar el proceso en manos de alguien más. Porque al final, el día de la boda es solo un día. El camino hacia ella es lo que realmente importa.
Y así fue que decidimos casarnos en España.
España es un sueño en sí misma. Las bodas españolas tienen su propia magia silenciosa: votos sinceros pronunciados bajo arcos antiguos, mesas rebosantes de comida y vino, la calidez de familiares y amigos reunidos no solo para una ceremonia, sino para una verdadera celebración del amor.
Simple. Elegante. Fácil. Justo lo que necesitamos.
José siempre dice que las bodas en España son humildes, sin pretensiones, cálidas y llenas de sentimiento. Así es exactamente como queremos celebrar: un día sin complicaciones innecesarias, pero lleno de significado y alegría.
Pero a pesar de todo, sigo siendo tunecino. Mis raíces son profundas y me acompañarán. Mis tradiciones no se quedarán atrás. Se abrirán paso en cada detalle, apareciendo en momentos inesperados y alegres.
La historia aún no ha terminado, y la parte más dulce aún está por venir. ❤️ Mantente atento...




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