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Lenguaje del amor

En cada mirada, cada roce, cada palabra

Decimos “te amo” todo el tiempo.

No sólo en los cumpleaños o cuando estamos de buen humor o cuando el momento parece adecuado.

Lo decimos cuando la comida se quema.

Lo decimos cuando alguno de nosotros vuelve a cometer el mismo error.

Lo decimos incluso cuando estamos enojados.

Lo decimos a propósito. A menudo. Sin pensarlo demasiado.

Es una promesa.

Una elección que seguimos haciendo todos los días.

Es lo que nos mantiene cerca.

Es lo más valioso que tenemos.

¿Pero cuál es la parte real de nuestro amor?

Vive en otro lugar, silenciosamente, en lo ordinario.

No sólo en las palabras sino en todas las cosas invisibles.

Como cuando leemos la cara del otro antes de que cualquiera de los dos hable.

Así como cuando las cosas se ponen difíciles, nuestro primer instinto es encontrarnos el uno al otro.

Una mano, un hombro, un toque.

Es simplemente cómo superamos las cosas.

Ambos hemos tenido que aprender a descansar, a descansar de verdad.

Pero juntos nos sentimos mejor. Más felices. Más fuertes.

Queremos vivirlo todo.

Así es como nos sentimos cuando amamos: Serenidad.

Fuimos criados en mundos diferentes, por mujeres fuertes y por la vida misma.

Ambos aprendimos a presentarnos, a seguir adelante y a mantenernos unidos.

Pero entre nosotros no tenemos que demostrarnos nada.

No tenemos que actuar. Simplemente podemos ser abiertos, felices y auténticos.

Y luego está el baile.

En todos lados.

En la calle. En la cocina. En el mercado.

Bailamos sin importar quién nos mira.

Uno de nosotros solía ser tímido (José, por supuesto).

Ahora nos movemos juntos.

Él sonríe y dice: “Terremoto, inténtalo de nuevo”.

Nos dejamos ser fuego el uno al otro.

Disfrutamos de la vida tanto como podemos.

No nos retenemos el uno al otro. Nos levantamos el uno al otro.

No hay competencia ni miedo. Solo apoyo. Solo amor.

Todos los domingos cocinamos juntos.

Siempre intentamos tener harissa tunecina y alegría española en la mesa.

Es nuestra tradición. Nos gusta picante. Nos gusta crujiente. Nos gusta caliente.

Cocinamos como abuelas: todo en ella.

Memoria. Amor. Cuidado. Presencia.

Y no sólo comemos.

Disfrutamos. Nos damos cuenta. Nos volvemos creativos (a veces incluso demasiado).

Esos son nuestros momentos felices. Nuestro lenguaje de amor.

Tenemos este viejo reproductor de vinilos de un mercado de Berlín.

Es enorme, como un aparador en la sala de estar.

Reproducimos discos y bailamos como niños. No es un espectáculo.

Nos encanta estar juntos.

Nos encantan las pequeñas cosas.

Y no se trata sólo de nosotros.

Nuestro lenguaje de amor es también cómo amamos a nuestra gente.

Cómo cuidamos a nuestra familia y amigos con honestidad, amabilidad y alegría.

Eso es lo que nos da seguridad del futuro que vemos juntos.

Nuestra vida no es perfecta, por supuesto (aunque a nuestros ojos, quizá lo sea).

Pero no necesitamos mucho. Sólo el uno al otro. El resto viene.

Si tuviéramos que nombrar nuestro lenguaje del amor, diríamos:

Es despertar feliz.

Se toman de la mano sin ningún motivo.

Es decir, pedir perdón, y decirlo en serio.

Es dejar que la vida sea plena y desordenada.

Se trata de ver la belleza en las pequeñas cosas.

Se trata de elegirnos unos a otros cada día.

Se trata de construir algo que valga la pena conservar.

Es la sensación de estar en casa.

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Esperamos que el camino hacia nuestra celebración se sienta como una historia de amor. Muchas gracias por estar ahí para nosotros en este momento tan especial que marca un nuevo comienzo.
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